Si bailar el agua es, más o menos, halagar, adular, someterse o adelantarse a los deseos de otro, estas acciones son la que atribuye Javier Borderías, alumno del Colegio Asunción Cuesta Blanca de Madrid cuando al leer el artículo 28 de la Constitución, que reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores, a los sindicatos españoles, cuando finalizada la lectura afirma: “Me da pena y vergüenza que los sindicatos no ejerzan este derecho en los tiempos que corren y que se dediquen a bailar el agua al señor presidente del Gobierno”
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Cuando terminan las elecciones, los sindicatos "mayoritarios" (o sea, los que han conseguido el 1 o 2% del total de votos posibles) sacan pecho, nos dan las gracias por haberlos votado y durante los siguientes cuatro años se dedican a liberar sinvergüenzas, a vivir de la sopa boba y a fingir que discuten entre sí.
Y, por supuesto, a bailarle el agua al gobierno y a la patronal.
Aquí muchos aprendieron democracia con el franquismo y nuestros sindicalistas aprendieron sindicalismo vertical. Así nos luce el pelo.