Cada semana que tachamos en el calendario, los banqueros aumentan sus ganancias con los desahucios. Las propiedades embargadas pasan a sus manos, y aunque esta gentuza de los banqueros se queja de no encontrarle salida a sus nuevas propiedades "adquiridas", sus lágrimas son tan falsas como las del cocodrilo frente a su presa. Si lloriquean, es de gozo.