Estamos salvados. Las tribulaciones y pesadumbres que agostan el yermo ibérico tocan a su fin. Conmovidos por la aflicción de los ciudadanos ante el colapso socioeconómico y la incertidumbre laboral, preocupados con hondura y abatimiento por la falta de rumbo político de la patria, los diputados (y diputadas, por supuesto) del Congreso vuelven hoy de sus merecidas vacaciones de invierno con el brío renovado por un inconmensurable afán de servicio público. Desde la fecha de la Lotería de Navidad sólo han descansado 48 días, ni siquiera dos meses completos...