Cuando el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) ya daba por supuesto que su colisionador de hadrones (LHC) no iba a estar operativo como mínimo hasta septiembre después de que sufriera una fatal avería hace cuatro meses, Carlos Sainz, piloto profesional con amplia experiencia en lidiar con motores complejos y situaciones límite, se ofreció a echar una mano a los técnicos, uno de los cuales era “un colega mío de cuando jugaba al squash”.
4 comentarios
